Resumen · IA
Luján es un centro de peregrinación con más de tres siglos de historia, ligado a la tradición de la Virgen patrona de la Argentina. Su Basílica concentra expresiones de fe popular que involucran a comunidades de todo el país, incluida la Peregrinación Juvenil que se realiza desde 1975.
En 1982, Juan Pablo II visitó el santuario durante la Guerra de Malvinas y ofreció un mensaje de paz ante una multitud de fieles. Esa visita quedó como referencia histórica para el lugar. La llegada de León XIV al mismo sitio en noviembre de 2026 reactiva esa memoria.
Los fundamentos sostienen que declarar de interés este acontecimiento reconoce el valor histórico, religioso y cultural de Luján y proyecta ante el mundo las tradiciones que forman parte de la identidad argentina.
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Señora Presidenta:
El presente proyecto tiene por objeto declarar de interés de este Honorable Senado de la Nación la visita de Su Santidad el Papa León XIV a la Basílica de Nuestra Señora de Luján, en la provincia de Buenos Aires, prevista para el próximo 11 de noviembre de 2026, en el marco de su viaje apostólico a nuestro país.
La llegada del Santo Padre a Luján constituye un acontecimiento de profunda significación para la comunidad católica, pero también para la historia y la identidad cultural de nuestro pueblo. La ciudad de Luján ocupa un lugar singular en la vida de la provincia de Buenos Aires y de la Argentina: es un espacio donde confluyen la fe, la memoria colectiva y las tradiciones populares que han acompañado a distintas generaciones a lo largo de casi cuatro siglos.
La historia de la Virgen de Luján se remonta al año 1630, cuando una pequeña imagen de la Inmaculada Concepción, trasladada en una carreta por los caminos de la entonces campaña bonaerense, quedó, según la tradición, inexplicablemente detenida a orillas del río Luján. Aquel episodio, conocido como el milagro de la carreta, dio origen a una devoción que comenzó de manera humilde y que, con el paso del tiempo, se convirtió en una de las expresiones religiosas más arraigadas de nuestro país.
En aquella historia ocupa un lugar fundamental Manuel, un hombre africano esclavizado que dedicó gran parte de su vida al cuidado de la imagen de la Virgen. Su figura forma parte inseparable de los orígenes del santuario y recuerda también la presencia y el aporte de las personas afrodescendientes a nuestra historia.
Con el transcurso de los siglos, aquel pequeño lugar de oración se transformó en un centro de peregrinación para miles de fieles. La construcción de la actual Basílica, impulsada a fines del siglo XIX por el padre Jorge María Salvaire, dio forma a uno de los templos más reconocidos de la Argentina. Su arquitectura neogótica, sus imponentes torres y su presencia en el paisaje de la ciudad constituyen parte del patrimonio histórico, arquitectónico y cultural de la provincia de Buenos Aires.
Sin embargo, la importancia de Luján no reside únicamente en su Basílica. Su verdadero significado se encuentra también en las innumerables historias de quienes llegan hasta allí para agradecer, pedir, recordar o renovar sus esperanzas. Cada año, las peregrinaciones reúnen a personas de distintas edades, generaciones y lugares del país, en una manifestación colectiva que forma parte de nuestra identidad popular.
Luján es, en ese sentido, mucho más que un destino religioso. Es un lugar de encuentro, de solidaridad y de expresión de una fe profundamente vinculada con la vida cotidiana de nuestro pueblo. La tradicional Peregrinación Juvenil a Luján, que desde 1975 convoca a multitudes, es una de las expresiones más representativas de ese vínculo.
La visita del Papa León XIV adquiere, además, una dimensión histórica particular por el antecedente de San Juan Pablo II, quien el 11 de junio de 1982 llegó a la Basílica de Luján durante uno de los momentos más dolorosos de nuestra historia reciente.
En plena Guerra de Malvinas, cuando nuestro país atravesaba días de angustia e incertidumbre, Juan Pablo II eligió acercarse al pueblo argentino y celebrar una misa ante la Virgen de Luján. Su presencia estuvo acompañada por un mensaje de paz, fraternidad y esperanza, en el que encomendó especialmente a quienes habían perdido la vida, a sus familias y a toda la Nación.
Aquella visita quedó grabada en la memoria de nuestro pueblo. El Santo Padre se presentó como un peregrino de la paz y, ante una multitud congregada a pesar del frío y la lluvia, pidió por el fin del conflicto y por una solución fundada en la justicia y el respeto de la dignidad de las naciones. En aquella oportunidad, ofreció a la Virgen de Luján una Rosa de Oro, como testimonio de su devoción y cercanía con el pueblo argentino.
Más de cuatro décadas después, la llegada de León XIV a este mismo santuario permite recuperar aquella memoria y renovar el significado de Luján como un lugar desde el cual transmitir un mensaje de paz, fraternidad y encuentro.
Para la provincia de Buenos Aires, recibir nuevamente a un Sumo Pontífice en la ciudad de Luján representa un acontecimiento de especial relevancia. La Basílica forma parte de nuestro patrimonio y de nuestra historia, pero también expresa una tradición viva, sostenida por las comunidades, las familias y los peregrinos que, generación tras generación, mantienen vigente su significado.
La visita del Papa León XIV será, asimismo, una oportunidad para proyectar ante el mundo la riqueza histórica y cultural de Luján, el valor de sus tradiciones y la importancia que la fe popular ha tenido en la construcción de nuestra identidad nacional.
En tiempos en los que resulta necesario fortalecer los vínculos de solidaridad, el diálogo y la convivencia, acontecimientos de esta naturaleza nos invitan a recuperar aquello que nos une como comunidad y a reconocer el valor de los espacios de encuentro que forman parte de nuestra historia compartida.
Por todo lo expuesto, solicito a mis pares que acompañen el presente proyecto de declaración.